Curso · lección 5 de 7 · 6 min

Los repasos no se deciden, se programan

Llevar el control de vueltas al temario y dejar que los repasos vengan solos.

Un temario de doce temas no se estudia una vez: se dan vueltas. La primera es lenta y sirve para entender. La segunda ordena. La tercera ya es para no perder lo ganado.

El problema clásico es que nadie lleva la cuenta, o la lleva en un Excel que acaba abandonado en febrero. Aquí se marca un tema como estudiado y el sistema programa sus repasos: 1, 3, 7, 15 y 30 días por defecto. Es una convención cómoda, no una ley: lo que sí está medido es que el hueco entre repasos debe crecer con el plazo hasta el examen (alrededor del 20-40 % del plazo cuando quedan días, y del 5-10 % cuando queda un año). Por eso importa más poner la fecha del examen que discutir la secuencia: con ella, los repasos del cuaderno y de las fichas se reajustan solos. Y si tu preparador usa otro esquema, lo cambias en Ajustes.

Qué hace cada repaso

Cada repaso trae un test corto del tema. No es un examen: es una comprobación. Si sale bien, el siguiente se aleja. Si sale mal, ya sabes qué toca releer, y las preguntas falladas entran en el cuaderno.

La regla que más cuesta cumplir

Repasar el tema que odias antes que el que dominas. Por eso conviene mirar «Hoy toca» y hacer lo que diga, en vez de abrir el temario por donde apetezca. Es menos agradable y es la diferencia entre la tercera vuelta y la primera repetida tres veces.

Si te retrasas

No pasa nada y no hay que recuperar todo de golpe. Los repasos atrasados aparecen marcados; haz los más antiguos primero y sigue. El sistema se reajusta solo.

tu turno

Marca en el temario el último tema que estudiaste

Hacerlo ahora