Guía · 13 de septiembre de 2026 · 5 min

El mito de la primera intuición

«No cambies tu primera respuesta» es el consejo más repetido en las academias y está desmentido desde hace veinte años.

Pregunta a diez opositores si conviene cambiar una respuesta y nueve te dirán que no. La primera intuición, dicen, suele ser la buena.

Cuando se han contado los cambios en exámenes reales, sale lo contrario: los cambios van mucho más de mal a bien que de bien a mal. El mito sobrevive por un motivo muy humano: duele más recordar la vez que cambiaste y fallaste que las tres veces que cambiaste y acertaste. La memoria guarda lo que escuece.

Entonces, ¿cambio siempre?

No. El matiz importa: lo que compensa es volver sobre las preguntas de las que dudabas, no revisar el examen entero a lo loco. Si respondiste seguro y no tienes un motivo nuevo, déjalo. Si marcaste una pregunta como dudosa y en la segunda vuelta ves el dato, cambia sin miedo.

Por eso el motor te deja marcar preguntas mientras haces el test, y por eso el resultado te dice cuántas cambiaste y cómo te fue. Con dos o tres exámenes tendrás tu propio dato, que vale más que cualquier consejo de pasillo.

El mito hermano: dejar en blanco por prudencia

Hay otro consejo igual de extendido y también caro: ante la duda, en blanco. La investigación sobre exámenes con penalización muestra que la gente deja más preguntas en blanco de lo que le conviene, y que esa prudencia castiga sistemáticamente a quien es más averso al riesgo, justo en los candidatos que están en el filo del corte.

Si el error resta un tercio y has descartado una opción, responder te da ventaja. No es valentía, es la cuenta. La tienes explicada en ¿responder o dejar en blanco?.

Ver tus cambios de respuesta en el último resultado

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